Otra Visión: SIGUEN RUGIENDO LOS LEONES… “¡ATO YO!”
OTRA VISIÓN
Por Jorge Fernández H.
Domingo 9 de agosto de 2026

SIGUEN RUGIENDO LOS LEONES… “¡ATO YO!”
Agosto sigue siendo mes de leones, de hombres y mujeres que aprenden a luchar, a abrirse camino, a levantarse y a defender sus sueños.
Hace unos días escribía sobre esos hombres que llevan dentro el espíritu del león, hoy tengo una razón profundamente personal para volver al tema: cumple un año más de vida mi hijo menor, Francisco Javier, pero no quiero que estas líneas sean solamente las palabras emocionadas de un padre, quiero aprovechar su historia para hablarles a los jóvenes de México, porque estoy convencido de que en nuestro país existen miles de Franciscos esperando una oportunidad, buscando su lugar y queriendo demostrar de qué son capaces.
Francisco nació, siendo el menor de una familia donde sus hermanos mayores naturalmente llevaban ventaja; cuando ellos participaban en alguna actividad y nosotros considerábamos que él todavía era demasiado pequeño para acompañarlos, se aparecía inmediatamente reclamando su lugar con una frase que quedó grabada para siempre en nuestra familia:
“¡Ato yo!” (¡Falto yo!)

No aceptaba quedarse atrás, quería estar, quería participar, quería aprender, quería hacer lo mismo que los grandes y quizá sin saberlo, aquella expresión infantil terminó convirtiéndose en una filosofía de vida: “¡Ato yo!”, aquí estoy, yo también puedo, yo también quiero intentarlo, así fue conquistando su espacio.
Vivió una infancia alegre y una juventud inquieta, pero pronto comenzó a desarrollar algo que con los años se convertiría en una de sus principales características: la capacidad de encontrar oportunidades donde otros solamente veían dificultades, comenzó con pequeños proyectos, negocios modestos y operaciones a pequeña escala, no siempre salió todo bien, naturalmente, emprender significa equivocarse, perder, aprender, volver a empezar y entender que ningún crecimiento verdadero llega sin tropiezos.

Entonces apareció la pandemia y mientras el mundo entero enfrentaba incertidumbre, enfermedad, pérdidas y miedo, Francisco observó también una necesidad: había productos y consumibles indispensables que era necesario conseguir y distribuir; encontró proveedores, buscó clientes, organizó entregas y comenzó a fortalecer lo que terminaría convirtiéndose en una de sus primeras empresas, no se quedó esperando que alguien resolviera su futuro, lo construyó y con el tiempo llegaron nuevas oportunidades, nuevos proyectos y nuevas empresas, también llegaron amigos, colaboradores y personas que confiaron en su palabra, porque una característica que siempre he reconocido en él es la formalidad: cumplir los compromisos, responder y cuidar la confianza de quienes hacen negocios contigo.

Años después, la campaña presidencial le abrió otro camino, comenzó como proveedor de productos utilizados en las campañas políticas y trabajando jornadas interminables, entregando pedidos y cumpliendo compromisos, fue construyendo relaciones que terminaron convirtiéndose en amistades, su trabajo le permitió acercarse al equipo de la hoy presidenta Claudia Sheinbaum y conocer a importantes colaboradores que posteriormente asumirían responsabilidades de primer nivel en el Gobierno de México.
Terminada la campaña recibió invitaciones para incorporarse profesionalmente a algunos de esos equipos, pero tomó una decisión que me hizo reflexionar: recordó que sus padres también habíamos trabajado cerca de la Presidencia de la República y que conocía, desde niño, el costo personal que pueden representar responsabilidades que prácticamente exigen vivir 24 horas al día, siete días a la semana para el servicio público, para el servicio de México y decidió que todavía quería viajar, conocer el mundo, prepararse, disfrutar su juventud y, principalmente, continuar fortaleciendo sus empresas.

No rechazó servir a México. Eligió hacerlo desde otra trinchera, porque un país no solamente se construye desde el gobierno, también se construye creando empresas, generando empleos, pagando salarios, compartiendo oportunidades, formando equipos, ayudando a otros y trabajando todos los días.
Hoy Francisco participa en diferentes proyectos empresariales y ha aprendido algo todavía más importante: el éxito que solamente beneficia a uno mismo termina siendo demasiado pequeño, por eso comparte oportunidades con sus hermanos, apoya a su familia, escucha a sus padres y procura que las relaciones construidas durante años puedan convertirse en proyectos donde más personas crezcan.

También preside la Fundación Libertad y Justicia, desde donde impulsa anualmente el Premio Libertad y Justicia, reconociendo a servidores públicos, representantes de la sociedad y mexicanos que desde distintas responsabilidades contribuyen al país.
Este año prepara una edición especialmente importante, el 3 de septiembre, en la Hacienda Los Morales, reconociendo a Gobernadores, Senadores, personajes del mundo político y empresarial, que lo merecen, 14 galardonados y además, presentando a SAMO, del grupo Camila, en el show principal, que seguramente será el broche de oro de la noche!

Hoy, al ver sus redes y viéndolo celebrar rodeado de amigos, que lo celebraron en la playa y recibir tantas felicitaciones de personas que ha encontrado en diferentes etapas de su vida, pienso nuevamente en aquel niño que levantaba la mano y reclamaba:
“¡Ato yo!”
Y precisamente ahí está el mensaje que quiero dejar, ¿Cuántos jóvenes mexicanos están diciendo hoy lo mismo? ¿Cuántos tienen talento, imaginación, fuerza y ganas de salir adelante, pero solamente necesitan que alguien crea en ellos?
México necesita escuchar a esos jóvenes, necesitamos familias que no les corten las alas; maestros que descubran capacidades en lugar de señalar limitaciones; empresarios que abran oportunidades; gobiernos que faciliten el emprendimiento, y una sociedad que deje de decirles a nuestros muchachos todo lo que no pueden hacer y comience a preguntarles: ¿Qué necesitas para intentarlo?, no todos los jóvenes tendrán el mismo caminos, algunos serán empresarios; otros científicos, médicos, maestros, artistas, deportistas, servidores públicos, comerciantes, técnicos o profesionistas, pero lo importante es que encuentren aquello que los apasiona y tengan el valor de perseguirlo, habrá tropiezos, habrá pérdidas, habrá personas que les digan que no pueden, pero mientras mantengan viva la capacidad de levantarse y volver a decir “aquí estoy”, siempre existirá una nueva oportunidad.

Hoy felicito a Francisco como padre, naturalmente, le deseo salud, felicidad, sabiduría y muchos años para seguir aprendiendo y creciendo, pero como mexicano deseo algo todavía mayor: que haya miles de Franciscos en nuestro país, miles de jóvenes inquietos, trabajadores, emprendedores, solidarios, capaces de organizarse, crear empresas, generar empleos, participar en la sociedad, ayudar a sus familias y comprometerse con México, jóvenes que no esperen solamente recibir oportunidades, sino que aprendan también a crearlas, jóvenes que cuando alguien piense que son demasiado pequeños, demasiado jóvenes o que todavía no están preparados, levanten la mano como aquel niño y digan con toda la fuerza de un león:
“¡ATO YO!”, aquí estoy, yo también puedo, yo también quiero construir este país.

Feliz cumpleaños, Francisco, que sigan rugiendo los leones y que ruja, sobre todo, una nueva generación de mexicanos dispuesta a demostrar que nuestro país tiene presente, tiene futuro y tiene esperanza, porque mientras existan jóvenes dispuestos a luchar por sus sueños y a compartir sus triunfos con los demás, México seguirá de pie.
MÉXICO VIVE!!!
VIVA MÉXICO!!!

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